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Todo lo
visto son pasos iniciales y esperanzadores. Matías Sánchez debe
cuidar no quedar estancado en sus propios gestos. El mayor
peligro para un artista a quien tanto ha costado llegar y hacer
confiar a todos en sus propuestas es precisamente la
retroalimentación; convirtiéndose, en resumidas cuentas, en un
manierista de sí mismo. Y esto, para no caer en la vorágine de
un mercado que engulle casi todo y termina por no digerir casi
nada. |