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Enfrentarse
a una obra de Matías Sánchez puede parecer golpearse con un muro
violento, caótico, atormentado, descontextualizado, salvaje e
irreverente, que raya a veces con lo cutre, lo kitsch, y
muestra deliberadamente sus deudas con el arte del pasado, la
estética del cómic, del graffiti... Pero no. Enfrentarse con una
exposición del joven pintor, nacido por circunstancias en
Alemania y afincado hoy en Sevilla, es gol- pearse de lleno con
la cruda realidad.
Quizás lo
mejor de un creador autodidacta y Matías lo es sea la
autoformación por inmersión en la Historia del Arte y su
capacidad para abordar sin complejos la actualidad del mundo que
le rodea. Lo hace también desde una renovación temática,
abriendo en cada obra un gran receptor de información donde
tienen cabida los medios de comunicación y los índices de
audiencia, el maltrato a la mujer, el terrorismo, la emigración
ilegal, las drogas, el racismo, la Prensa del corazón...
«Cada vez
que enciendo la televisión, salgo a la calle, abro la ventana,
me asalta un tema», nos confiesa con voluntad de cronista de lo
inmediato. Motivos sometidos a un lúcido análisis, convertidos
en iconos, que a nadie dejan indiferente. |
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