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Pescadores y comerciantes
catalanes, procedentes, principalmente, de Mataró, Sitges y Canet de Mar
fundaron –a partir del terremoto del 1 de Noviembre de 1755-, la factoría
pesquera que bautizaron con el nombre de “La Figuereta”. Es a partir de
dicha fecha cuando empieza a celebrarse esta popular fiesta en nuestra divertida
tierra marinera, apoyada, posteriormente, por pescadores valencianos que nos
dejaron sembradas sus raíces musicales.
Durante
esta larga etapa, hasta 1925, uno de los mayores alicientes de la fiesta consistía
en la celebración de multitudinarios bailes de disfraces que eran celebrados en
la Sociedad “La Unión” (que aún existe), Salón Noya, Cine Bruguera y Círculo
Industrial.
La
mujer isleña, principal atractivo de esta festividad, asistía a dichos bailes
con la cara totalmente cubierta por careta o antifaz, con la incógnita y
especial atractivo que producía en los jóvenes. Los sacos de papelillos se
lanzaban por docenas y las serpentinas cubrían las lámparas de estos amplios
locales con una telaraña multicolor. El ambiente callejero llegaba al máximo
al partir las divertidas piñatas y al acompañar los Miércoles de Ceniza al
Entierro de la Sardina, entonando cánticos religiosos con sentido humorístico.
DÉCADA
DE ORO:
La
época considerada de mayor esplendor en aquellos tiempos difíciles, fue la
denominada “Década de Oro”, que abarcó desde 1926 al comienzo de la Guerra
Civil Española en 1936. En el nuevo impulso cultural y poético destacaron los
maestros de música: Cervantes de la Vega, José Frigolet y Benito Arroyo; los
extraordinarios poetas y organizadores de Coros y Comparsas, Hilario Flores y
Alfredo Cortada; y los jovencísimos directores Marcelino Fernández “El
Zoilo” y Jerónimo López.
Este
selecto grupo de isleños formaron los Coros musicalizados por guitarras,
violines, saxofones, flautas, bandurrias, etc.., que hicieron legendarios sus títulos:
“Los abstemios”, “Las amapolas”, “Los Gauchos”, “El empastre
musical”, “Los Idealistas”, “Los Boys”, “El signo del Zorro”,
etc...
Un poeta-letrista genial destacó en dicha época: Juan Figuereo Fernández. A él
debemos entre sus composiciones poéticas, la letra del pasodoble “Isla
Cristina Preciosa” que interpretó el Coro “Los Cosacos” en 1935 y ha
quedado para la historia como “Himno del Carnaval”.
Como
comparsistas destacaron: Clemente Rodríguez y Diego Rodríguez “El
Mellizo”, y entre los directores de Murgas se hicieron famosos por su
humorismo y originalidad: Ramón Martínez “El Cadáver”, Gildo Barrera,
Emilio y Antonio Albarrán, Alfonso Fragoso “El Patitas”, Francisco Guarch
“El Quico” y Manolo García “El Chupito”.
En
disfraces individuales entran en el Cuadro de Honor: Enrique Rodríguez “La
Currita”, Braulio Moreno, Eduardo “La Ministra”, Diego Fragoso “El
Patitas” y un largo etcétera.
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